Del Sedentarismo al Movimiento
Tenía 21 años (ya van 37) y, sinceramente, estaba perdido. A veces fumaba, bebía más de la cuenta y mi vida era un lunes perpetuo en una oficina. Sin rumbo, sin metas, solo dejando pasar los días. Tengo una tía que siempre ha sido el espíritu deportivo de la familia. Supongo que me miraba y pensaba: "A este hay que sacarlo de aquí". Empezó a invitarme a carreras de kayak. En una de esas primeras salidas, remando con mi primo, ganamos. Así, sin más. Ese pequeño chispazo de victoria fue el que me hizo moverme. A veces me quedaba dormido y no llegaba a las carreras porque me costaba madrugar (el hábito de la mala vida no se va en un día), pero le fui agarrando el gusto a competir. Tuve suerte: mi genética me ayudó a rendir rápido con poco esfuerzo, y eso terminó de engancharme. Hoy, mi realidad es otra: vivo de enseñar a los demás a entrenar mejor, a ganar calidad de vida y a destrozar sus propias marcas. ¿Cuál es el aprendizaje aquí? Que no hace falta que la motivación te nazca de adentro el primer día. A veces, el inicio no es perfecto ni heroico. A veces, simplemente necesitas a ese amigo o familiar que te dé el empujón y te saque a la naturaleza. Si estás perdido, no busques el "momento ideal". Busca a alguien que ya esté en movimiento y apóyate en su inercia. Hay muchas formas de llegar a Roma, pero es más fácil si alguien te invita a caminar.
KM 0
Luis Chavez
4/4/20261 min read


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